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La dimensión ambiental de la globalización

Elaborado por: Ramón Pichs Madruga.

Investigador del CIEM, La Habana.

C/E: ciem@ceniai.inf.cu

Como proceso objetivo, la globalización representa un nuevo estadio en la evolución económica, política y social a escala planetaria, que expresa el accionar de leyes y tendencias objetivas del funcionamiento del sistema capitalista. Este proceso revela un nivel nuevo y superior de desarrollo de las fuerzas productivas, que supone el despliegue de un nuevo patrón de acumulación capitalista.

Como proyecto económico, político y social, la globalización no es más que un proyecto de corte marcadamente neoliberal, a través del cual los principales círculos de poder a nivel mundial -grandes corporaciones transnacionales, gobiernos de países altamente industrializados, y organizaciones internacionales que representan los intereses de los agentes antes mencionados- pretenden imponer, a escala global, sus políticas macroeconómicas, sus criterios acerca de la organización política de la sociedad, las normas y principios para la regulación de las relaciones internacionales y un determinado sistema de valores.

La globalización se caracteriza por la gran velocidad de los cambios; la internacionalización y la tendencia a la homogeneización y uniformización en algunas esferas; su carácter contradictorio; y sus diversas dimensiones: tecno-económica, comercial, financiera, política, social, cultural y ambiental, entre otras.

En las últimas dos décadas el tema ambiental ha ganado espacio significativamente, tanto en el debate teórico como en el proceso de toma de decisiones en muchas partes del planeta. Desde mediados del decenio del 80 se asiste a un proceso de internacionalización del debate en torno al vínculo entre medio ambiente y desarrollo, que pudiera definirse como la dimensión ambiental del actual proceso de globalización, y que tiene importantes implicaciones políticas, económicas, tecnológicas, sociales, y humanas.

Desde la década de los años 80 se han hecho más evidentes algunos de los problemas ambientales, de alcance internacional, que más preocupan a la humanidad, tales como el agotamiento de la capa de ozono; el "efecto de invernadero"; la pérdida de la diversidad biológica; la contaminación urbana; el tráfico transfronterizo de desechos peligrosos; la contaminación de los mares, océanos y zonas costeras y el deterioro ambiental asociado a las condiciones de subdesarrollo y pobreza en que viven las tres cuartas partes de la población mundial. Se calcula que 80% de los pobres en América Latina, 60% de los de Asia y 50% de los de Africa viven en áreas ecológicamente vulnerables.

Además, en los últimos diez años se ha difundido ampliamente el concepto de desarrollo sostenible como aquel desarrollo que permite satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades. Bajo este paradigma de análisis, se considera al crecimiento económico y a la conservación del entorno como variables potencialmente compatibles.

A pesar de su rápida aceptación y difusión como expresión concentrada de una "forma de desarrollo" más humana y equitativa, la tesis del desarrollo sostenible no está exenta de limitaciones y contradicciones. Ante todo, se destaca el carácter ambiguo de esta tesis, lo que ha condicionado la aparición de múltiples definiciones del desarrollo sostenible, en función de los intereses de los autores y de las circunstancias concretas de cada caso.

La ambigüedad de esta tesis se pone de manifiesto al identificar las disparidades socioeconómicas prevalecientes en el mundo actual, pero sin reconocer los mecanismos que han generado esa desigualdad. Incluso, en ocasiones se ha calificado a esta tesis como una estrategia pensada desde el Norte industrializado y que, por lo tanto, no incorpora los puntos de vista y prioridades del mundo subdesarrollado.

También se ha cuestionado el énfasis que hace la tesis del desarrollo sostenible en la equidad intergeneracional, en detrimento de equidad intrageneracional. En este sentido, cabe señalar que para la mayoría de la población mundial, residente en el área subdesarrollada, resulta muy difícil pensar en la satisfacción de las necesidades de las futuras generaciones cuando sus requerimientos básicos del presente no están cubiertos.

El hecho de que los principales problemas ambientales actuales tengan un carácter global, tiende a unir a los Estados en la búsqueda de soluciones comunes; sin embargo, esta convergencia suele ser contrarrestada por la falta de consenso a la hora de establecer responsabilidades concretas a nivel internacional. Así, por ejemplo, las negociaciones relacionadas con la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) -Río de Janeiro, Brasil/92- y otras conferencias ambientales internacionales celebradas en la presente década han estado marcadas por la reticencia de los países industrializados, a asumir compromisos concretos relacionados con la transferencia de tecnologías y los recursos financieros requeridos por los países subdesarrollados.

La internacionalización del debate sobre medio ambiente y desarrollo ha coincidido en el tiempo con el auge del discurso y las prácticas neoliberales a nivel mundial. En estas condiciones la idea acerca del "mercado verde", o sea la aplicación a ultranza de fórmulas neoliberales para resolver los problemas ambientales, también ha cobrado especial auge en los últimos años. En muchas ocasiones, las recetas sugeridas tienden a comprometer el futuro económico de los agentes más vulnerables: los países subdesarrollados.

En este contexto de internacionalización del debate ambientalista, que cobra especial fuerza desde mediados de la pasada década, los países desarrollados han insistido en el tratamiento por separado de los problemas del medio ambiente y del desarrollo. Estos países, además de capitalizar en su favor los trascendentales cambios ocurridos en la correlación de fuerzas económicas y políticas a nivel internacional, persisten en su propósito de evadir sus responsabilidades ambientales y realizan grandes esfuerzos por desviar la atención internacional hacia aquellos temas ambientales que son de su interés, sin tener en cuenta debidamente los objetivos y prioridades de las naciones subdesarrolladas.

Una solución integral a los problemas del medio ambiente y el desarrollo en el actual contexto internacional, además de requerir una perspectiva de largo plazo, debe tomar en consideración aspectos clave como la deuda ecológica del mundo desarrollado y la persistencia de un entorno de subdesarrollo, pobreza y deterioro ambiental, que afecta a las tres cuartas partes de la humanidad.

El avance del Tercer Mundo en materia de desarrollo sostenible requiere, ante todo, de un clima comercial y monetario financiero internacional que sea equilibrado y no discriminatorio; lo que choca con la esencia excluyente y marginadora del proyecto globalizador de corte neoliberal.


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