Con la lógica de Esopo
POR: TONI PRADAS
Cuentan los que cuentan que en cierta
oportunidad un grupo de incrédulos le preguntó a Esopo
que si se podía secar el mar. El sabio esclavo se percató
de que la pregunta llevaba una buena dosis ponzoñosa, pero
aceptó el desafío. "Claro que se puede - dijo
inmediatamente -, pero primero deberéis secar los ríos
que lo nutren de agua". Todos quedaron impresionados con esta
lógica tan aplastante.
Similar respuesta recibirán aquellos que interroguen cómo
sanear la bahía
de La Habana. Los especialistas del Centro de Ingeniería
y Manejo Ambiental de Bahías y Costas (CIMAB), después
de darle vueltas al asunto como a un cubo de Rubik, han llegado
a la conclusión de que la magia está en sanear los
ríos que la contaminan.
Aquellos que fueron muchachos durante la primera mitad del siglo
recuerdan
que una de las diversiones predilectas de la pandilla era ir a
nado, en
franca competencia, desde el muelle de Luz, en la ribera oeste
-de La
Habana colonial -, hasta la playita de Regla, un poblado de obreros
y
pescadores enclavado en las márgenes sudeste del gran charco
capitalino. Para entonces, el único peligro para los jóvenes
nadadores era el fuerte alón de orejas de los padres, enfurecidos
con sus hijos por probar las aguas que se decían infectadas
de escualos.
Después llegó el trauma de la modernidad. En torno
a la rada afincaron sus
cimientos numerosas industrias e instalaciones de vital importancia
para
la vida económica del país: puertos, almacenes, fábricas
de fertilizantes,
terminales para la importación y procesamiento de alimentos,
la
destilería, el matadero, las terminales pesqueras, la refinería
de
petróleo, las centrales termoeléctricas... Y comenzaron
así a verter
cándidamente sus residuos humanos y de los procesos productivos.
Pero más grave aún fue el desmedido asentamiento
poblacional en derredor
de las tranquilas aguas. Los viejos suburbios de la ciudad crecieron,
ya
fuera directamente o a través de sus venas hídricas:
los ríos Luyanó,
Martín Pérez y, en menor proporción, el arroyo
Tadeo, un curso de aguas subterráneo. Las construcciones
ilegales, principalmente en las cercanías de Luyanó,
hicieron de éste su sistema de evacuación, despechando
la red pública de aguas negras de la ciudad.
En resumen: la que alguna vez y de alguna manera había sido
la principal
bahía del Nuevo Mundo, a pocos años del 2000 se había
convertido en una de
las más fuertemente contaminadas, sino la que más.
LA BOLSA Y LA VIDA
La bahía de La Habana es de las denominadas de bolsa, con
una superficie
de 5.2 kilómetros cuadrados o lo que es lo mismo, un estanque
de 47 millones de metros cúbicos de agua. Las más
efectivas plomadas e intrépidos buzos aseguran que tiene
unos 14 metros de profundidad máxima, aunque la medida se
mantiene en 9 metros.
Digamos que esta bolsa tiene una estrecha lengua o canal de entrada
que
luego se hincha y penetra bien a tierra con tres ensenadas: Atarés,
Guasabacoa y Marimelena, constituyendo el centro de la vida económica
de
la capital cubana.
Había que ponerle coto al deterioro. Así, por los
años 80, comenzó un
proyecto (CUB-80-00-1 le llamaron) que perseguía el rescate
ambiental
mediante el mejoramiento de la calidad del agua, el paisaje y el
monitoreo
del medio. Las acciones estaban encaminadas hacia la depuración
de las
aguas residuales, la reubicación de determinadas industrias
y el fortalecimiento del saneamiento portuario de desechos flotantes.
No obstante, el gobierno no contaba con suficiente recursos financieros
para esta batalla como tampoco existía mucha voluntad por
parte de las
autoridades para desempeñarla, según las declaraciones
hechas a esta
publicación por Félix Palacios, Jefe del Dpto. de
Ecología Industrial del
CIMAB. Al parecer, la Cumbre ambientalista de Río `92 fue
realmente el
estimulador para el desarrollo de estas actividades en el país,
cuando ya
la crisis se había colocado por las persianas de la economía.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por
su
parte, decide en 1995 destinar a cuatro países 10 millones
de dólares del
Fondo para el Manejo del Medio Ambiente Mundial (conocido por las
siglas
inglesas GEF), los cuales se beneficiarán con el proyecto
de Planificación
y Manejo de Bahías Fuertemente Contaminadas en el Gran Caribe.De
tal
suerte hoy cuentan con cierta tranquilidad financiera la bahía
de Kingston, Jamaica; Cartagena de Indias, Colombia; Puerto Limón,
Costa Rica
(no es una rada, pero sí un litoral con similar repercusión
económica para
este país); y el pequeño golfo habanero, a razón
de 2 millones y medio
como promedio para cada uno de estos sitios sometidos a fuertes
impactos
ambientales producidos por actividades urbano-industriales.
Otro proyecto, el denominado IPID del Programa de Naciones Unidas
para el
Medio Ambiente (PNUMA), corre con la suerte de la bahía
de Pozuelos,
Venezuela; el litoral de Santo Domingo, República Dominicana:
y
Bluefields, Nicaragua; todos estos lugares se encuentran entre
los más de 30 sitios costeros fichados entre los más
contaminados en la región caribeña.
Según Sergio D. Claure, coordinador del proyecto regional
GEF, el común
denominador de estos parajes es la contaminación por aguas
residuales
domésticas, al margen de la agresión por hidrocarburos
vertidos,
pesticidas y agroquímicos, que dañan los arrecifes
coralinos y el ecosistema. En el
caso de Cartagena de Indias, un mal se añade con la sedimentación
que
viene de un brazo del río Magdalena, el más importante
de Colombia.
COMO LIMPIAR LA PECERA
Preocupado, el Cristo de La Habana observa de reojo las latas de
cerveza y
palos que flotan en las plácidas aguas. Las fortalezas coloniales,
a falta
de filibusteros, apuntan sus cañones a las manchas aceitosas
que
tornasolan el sol en la superficie de cristal marino. La ciudad,
que un
día se mudó al borde del abra por sus bondades para
carenar, reza por su
saneamiento cuando aspira a convertirse en un privilegiado destino
del
turismo de cruceros.
Rápidamente los ejecutantes del proyecto ubicaron seis estaciones
de
muestreo para conocer la calidad ambiental y la sedimentación,
así como la
concentración de hidrocarburos.
Según estudios del CIMAB, unas 20 toneladas de sólidos
suspendidos son
arrojados cada día hacia la bahía desde el río
Luyanó. Poco más de 14
toneladas diarias de hidrocarburos son vertidos por la Refinería
Ñico
López, en tiempos en que la importación de estos
energéticos cayó a
niveles casi asfixiantes para la economía del país.
Casi 30 metros cúbicos
de desechos marinos y residuos oleosos diariamente forman parte
del
paisaje acuático. Los pocos peces que insisten en habitar
esta zona se las
tienen que ver con una mayor concentración de fósforos
y nitrógenos cada
semana.
Tras el diagnóstico, el proyecto ha realizado el inventario
de las
diferentes fuentes de contaminación y ha elaborado un plan
de
fortalecimiento institucional que atañe a aquellas relacionadas
con el manejo de las zonas costeras. Tras lo anterior, el plan de
inversiones, que toma en cuenta
aspectos técnicos, legales, financieros y de entidades,
no se hace esperar.
"En la actualidad se encuentra en un 80-90% de avance",
declara Claure a
este reportero. Para fin de año o principios del próximo
se espera que
estén los resultados. Comienza así la segunda etapa
del proyecto, con
financiamiento del GEF y cofinanciamiento del Estado cubano y alguna
colaboración no gubernamental extranjera.
Ya se prevén tres plantas en el río Luyanó
para recoger residuos de varias
industrias, la desconexión de acometidas clandestinas y
su ubicación al
ramal establecido, así como el dragado de su desembocadura.
Para limpiar
el Martín Pérez se instalará otra planta zonal,
se dragará y se harán
otras acciones de limpieza.
Las instalaciones productivas de mayor incidencia negativa han
comenzado a desarrollar sus propias medidas
encaminadas a cuidar el sistema ecológico, como son las
trampas residuales
y hasta la redefinición de algunos procesos. Mucho puede
hacer para la
ejecución de soluciones la nueva ley de protección
ambientalista: el
espíritu de su letra dice que el que contamina, paga. Mientras
otros
abogan por que se establezca el pago de una contribución
por parte de
aquellos que asufructan la bahía, cuya finalidad sería
garantizar el
mantenimiento de la higiene de sus aguas. ¿Llegará
el impuesto ecológico?
Por ahora, las soluciones que se buscan pretenden activar la vida
industrial y portuaria sin detrimento para el medio ambiente. Las
aspiraciones del uso primario (baño, pesca...) no están
al alcance de la
mano en el fondo del bolsillo. Eso sí: las acciones son
pasos decisivos
para el futuro, gracias a la vieja lógica de Esopo.
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