¿A qué paz aspiramos?
POR: ING. ULMAN CARMONA RAMOS
La idea moderna de paz fue desarrollada por
el filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) en el ensayo "Zum Evigen Friden"
(La paz perpetua), donde sustentó las condiciones fundamentales para el
ordenamiento de un mundo en paz. Existen dos enfoques contemporáneos sobre este
concepto donde la enuncian desde las perspectivas negativa y positiva.
Históricamente los Estados más fuertes han impuesto
la paz a los más
débiles, de esta manera encontramos la existencia de la
pax romana, la pax
británica y la pax americana. Con esta percepción
señalaré las
características del concepto de paz negativa:
- Definido en función de la guerra, que fuera de este contexto
carece de
contenido.
- Prevalece la concepción occidental, nacida en gran medida
del Imperio
Romano e influenciada por el establecimiento de los Estado-naciones.
- Concepción, difundida ampliamente por los sistemas educación,
generalmente le otorgan un papel importante a la guerra, a los
conflictos
y a las formas violentas de resolverlos en tanto la paz queda reducida
a
un elemento poco relevante dentro de la historia.
La percepción negativa de la paz, centra su atención
en que el Estado es
el sujeto del mismo, sustentada en mantener la unidad y el orden
interior
(que beneficia a los intereses dominantes); además, solo
el Estado-nación
tiene el derecho de usar la fuerza, lo cual subraya que la paz
es
competencia única de los Estados. Sin embargo, debemos significar
que esta
concepción, no es la única. En el Oriente encontramos
la palabra shanti
del hiduismo, que significa tranquilidad y orden perfecto de la
mente.
También ahimsa del jainismo, que connota respeto total a
toda persona, y
esto no sólo como deber moral sino también como obligación
socio-política.
El concepto de paz del cristianismo tradicional implica amor o
entrega al
prójimo, servicio, sacrificio y buena voluntad, aun con
los enemigos.
En tal sentido, Johan Galtung expresó la perversión
del concepto de paz,
el cual se produce al simplificar su significado a "ausencia
de violencia
directa entre Estados". Entonces en una perspectiva positiva
definió la
paz en un sentido más amplio: identificándolo con
el concepto de
desarrollo (no sólo en el sentido económico). De
esta manera, la paz
positiva es conseguir la sobrevivencia, el bienestar, la identidad
y la
libertad para todos, lo que coincide con la satisfacción
(mínima) de las
necesidades humanas1. Siguiendo esta racionalidad en la búsqueda
de una
definición más precisa de la concepción positiva
del concepto de paz, John
Paul Lederach2, mencionó algunos elementos para darle contenido:
Aceptar que la paz es un valor de los más altos y
deseados por la humanidad. Como un concepto multidimensional, conectado
con todos los ámbitos de la existencia humana.
- No enfocar la violencia sólo con las acciones agresivas,
sino también la
que existe inherente a la estructura social-cultural, política
y militar.
Para que esta violencia no sea subjetiva es menester enfocarla
como
diferencia de lo actual y potencial en cuanto a la realización
de una vida
mínimamente humana.
- El focalizar la paz como un orden de "reducida violencia"
y de elevada
justicia social en cuanto a las realizaciones e interacciones humanas.
- Debe entenderse la paz como un proceso social dinámico
y no como un
punto estático y atemporal.
- La cooperación, el entendimiento y la confianza mutua
contribuyen a
beneficios y a relaciones positivas.
Estos enfoques nos conducen en primer lugar, a que la paz negativa
se ha
sustentado, en que el progreso histórico de la humanidad
esta
inexcusablemente ligado a la resolución violenta de los
conflictos. Sin
embargo, podemos constatar que el verdadero progreso se ha producido
en
momentos de paz o mediante la resolución no violenta de
conflictos donde
la cooperación ha permitido la subsistencia de la humanidad.
En segundo
lugar, la paz de posguerra estaba limitada casi exclusivamente
al concepto
de pax en el sentido de pactos y fuerte preparación militar.
Igual que en
el imperio Romano, la paz contemporánea refleja los intereses
de las
potencias que se benefician de la estructura internacional, en
detrimento
de los países que componen la periferia. Por lo que subrayamos
la pobreza
de este significado de paz y la manipulación de la misma.
En tercer lugar,
es preciso proporcionar como objetivo una comprensión amplia
y
multidimensional de la paz la cual no sea limitada o negativa.
El fin de la guerra fría hace apenas una década,
trajo aparejada la
disminución de riesgos y confrontaciones, sobre todo las
de carácter nuclear a escala global. Pero su conclusión
no condujo a la paz, ni fortaleció la seguridad, ni aceleró
el desarme, sino que dio paso al unilateralismo y el hegemonismo
de una gran potencia y, a una nueva confrontación entre,
de un lado, quienes pretenden imponer un orden internacional acorde
a los intereses de la supremacía militar
económica y política de Estados Unidos y de un pequeño
grupo de países industrializados y, por otro, los pueblos
de la mayoría de los países del mundo, incluidos grandes
sectores de población de los propios Estados desarrollados.
La paz positiva sigue siendo la principal prioridad de nuestro
tiempo. A
principios de 1999, 30 guerras y conflictos armados destruían
la economía,
cegaban vidas y dañaban la ecología en diferentes
regiones. En el siglo
pasado el patriota mexicano Benito Juárez, dijo que: "El
respeto al
derecho ajeno es la paz" y esas palabras mantienen plena vigencia
aún hoy.
El año 2000, proclamado por la ONU a iniciativas de la UNESCO
como año
Internacional de Cultura de Paz, debió convertirse en el
marco apropiado
para que la comunidad internacional adoptara medidas que erradicaran
esas
prácticas que representan violaciones de los derechos ajenos,
cuyas
afectaciones son susceptibles de poner en peligro la paz a escala
local,
regional y universal.
Sin embargo, en el Nuevo Siglo es indispensable fortalecer el papel
de la
ONU para mantener la paz y la seguridad internacional mediante
medidas
colectivas eficaces, por medios pacíficos y con apego a
los principios de
la justicia y el Derecho internacional; fomentar entre las naciones
relaciones de amistad basadas en el principio de la igualdad de
derechos y
libre determinación de los pueblos, la no-injerencia en
los asuntos
internos; realizar la cooperación internacional en la solución
de
problemas económicos, sociales, culturales y humanitarios
y, en el
desarrollo y estímulo de respeto de los derechos humanos,
las libertades
fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos
de raza, idioma o
reli gión; el rechazo a todo tipo de agresión, de
amenaza o del uso de la
fuerza militar o económica; y el respeto a las tradiciones
culturales, las
costumbres, el patrimonio histórico y la identidad de las
naciones y
pueblos.
La carrera armamentista no ha cesado. La expansión de la
OTAN hacia el
Este y los programas estadounidenses para crear una defensa anticoheteril,
violando lo estipulado en el Tratado ABM, ponen bajo signo de
interrogación el futuro de las negociaciones sobre el control
de armas
estratégicas y amenazan el logro de las metas de reducción
establecidas en
el Tratado SALT-II. La persistencia del gobierno estadounidense
en seguir
desarrollando los armamentos nucleares ha servido de estímulo
para
incrementar el número de países poseedores declarados
o encubiertos de
este tipo de armamentos.
Tampoco ha cesado el desarrollo de armas convencionales sofisticadas
e
"inteligentes" con capacidad de destrucción masiva.
Solo en la agresión
contra Yugoslavia, Estados Unidos ensayó más de 20
nuevos tipos de
armamentos, incluyendo el bombardero estratégico B2A "Sprit",
al igual que
utilizó el uranio empobrecido en los proyectiles, entre
otros. Esto
contrasta con los recursos que las potencias económicas
tienen de
compromiso (0,7% del PIB) e incumplen con el desarrollo y la ayuda
al
Tercer Mundo.
Galtung, Johan. "Hacia una definición de las investigaciones
para la paz".
En: Revista IRIPAZ. (Guatemala), (5):15, enero-junio, `92.
Lederach, John Paul. Educar para la paz. Ed. Fantamaram, Barcelona,
1984.
p. 30-31.
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